Comunicar también es competir: el fútbol sala femenino necesita dar un paso adelante.

Comunicar también es competir: el fútbol sala femenino necesita dar un paso adelante

El fútbol sala femenino afronta una nueva temporada con motivos para la ilusión. Más equipos, nuevas historias, grandes retos y una competición que sigue creciendo. Y, en paralelo, también se está haciendo un esfuerzo cada vez mayor por mejorar su visibilidad y comunicación.

Hay que reconocerlo: algunos clubes están haciendo un trabajo muy meritorio. Sus departamentos o responsables de comunicación han entendido que no basta con anunciar resultados o publicar una convocatoria. Han apostado por contenidos audiovisuales, presentación de jugadoras, seguimiento de la cantera, interacción con aficionados y una imagen de club cada vez más cuidada.

También la RFEF ha avanzado en la manera de comunicar sus competiciones de sala femenino, dando mayor presencia al fútbol sala femenino, facilitando información y poniendo en valor calendarios, resultados, protagonistas y grandes acontecimientos. Es justo reconocer esos pasos.

Pero también es justo decir que todavía queda mucho por hacer.

Porque el fútbol sala femenino tiene un problema que no es de falta de historias. Es, en demasiadas ocasiones, de capacidad para contarlas.

Tenemos jugadoras, entrenadores, cantera, rivalidades, desplazamientos, pabellones, familias, referentes, patrocinadores y miles de historias personales. Tenemos un deporte apasionante. Lo que necesitamos es conseguir que todo eso llegue a más gente.

Y ahí la comunicación deja de ser un complemento para convertirse en una herramienta estratégica.

No todos los clubes tienen recursos para contar con un departamento profesional. Es una realidad que hay que comprender. Muchos sobreviven gracias al esfuerzo de directivas, familias y voluntarios que hacen auténticos malabarismos para sacar adelante cada temporada.

Pero precisamente por eso debemos buscar fórmulas imaginativas.

No siempre hace falta un gran presupuesto. Hace falta planificación, continuidad y alguien que asuma la responsabilidad de comunicar.

Un teléfono móvil permite hoy hacer fotografías, grabar vídeos, entrevistar jugadoras y generar contenidos con una calidad impensable hace unos años. Las herramientas digitales han democratizado la comunicación. Y el contenido está dentro de cada club: en sus jugadoras, en su cantera, en sus entrenamientos, en sus viajes, en sus historias y en su gente.

El resultado del partido es importante. Pero no puede ser el principio y el final de nuestra comunicación.

Hay que contar a las personas que están detrás del resultado.

La capitana, la canterana que debuta, la entrenadora que cumple 100 partidos, la jugadora que vuelve de una lesión, la niña que acude por primera vez al pabellón, el patrocinador que lleva años apoyando al equipo o el voluntario que hace posible que todo funcione.

Ahí está el verdadero patrimonio del fútbol sala femenino.

Y también está una de nuestras grandes oportunidades. Las jugadoras pueden convertirse en referentes cercanos para las niñas que hoy empiezan a jugar. Pero para que eso ocurra tienen que ser visibles, conocidas y reconocibles.

Por eso tampoco deberíamos plantear la comunicación como una competición entre clubes, federaciones o medios. Al contrario: necesitamos que todos rememos en la misma dirección.

Los clubes deben mejorar y profesionalizar, en la medida de sus posibilidades, su comunicación.

La RFEF debe seguir avanzando y aumentando la visibilidad de sus competiciones.

Los medios especializados tenemos que seguir buscando historias y ofreciendo contexto.

Y todos debemos entender que la responsabilidad de hacer crecer el fútbol sala femenino es compartida.

No se trata de señalar culpables. Se trata de asumir responsabilidades.

Porque pedir más visibilidad mientras nosotros mismos no contamos suficientemente bien lo que hacemos es una contradicción.

El fútbol sala femenino no necesita únicamente mejores resultados, más patrocinadores o más espectadores. Necesita construir un relato propio, atractivo y reconocible.

Y para eso ya tenemos lo más importante: un deporte apasionante y miles de personas dispuestas a hacerlo crecer.

Ahora toca contarlo mejor.

Comunicar también es competir. Y, en el fútbol sala femenino, ha llegado el momento de competir también en ese terreno.

José A. Valle

Foto vía: Poio Pescamar / Futsi Atco. Navalcarnero

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