Más talento, el mismo modelo: el inmovilismo del fútbol sala femenino.

El fútbol sala femenino sigue esperando su revolución: más de lo mismo para la temporada 2026/27.

La Real Federación Española de Fútbol ya ha definido el calendario y las bases de competición del fútbol sala femenino para la temporada 2026/27. Sobre el papel, todo parece perfectamente organizado: fechas cerradas para la Primera y Segunda División, Copa de la Reina, Supercopa y fases finales. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad vuelve a esconderse una sensación cada vez más compartida dentro del sector: el inmovilismo.

Mientras otras competiciones femeninas han aprovechado los últimos años para replantear sus formatos, buscar nuevos modelos de crecimiento y generar un mayor atractivo deportivo y comercial, el fútbol sala femenino vuelve a repetir prácticamente el mismo esquema competitivo.

La Primera División arrancará el 5 de septiembre con una liga regular de 30 jornadas y finalizará a finales de mayo. Los cuatro primeros clasificados disputarán un play off por el título al mejor de tres partidos, mientras que el resto de equipos pondrán punto final a su temporada sin ningún otro incentivo competitivo.

Un sistema conocido, pero cada vez más discutido.

El play off sigue limitándose a cuatro equipos, reduciendo notablemente el interés competitivo de la parte alta de la clasificación durante buena parte del campeonato. En otras ligas nacionales e internacionales se ha apostado por formatos que permiten mantener la emoción hasta las últimas jornadas, ampliando el número de aspirantes o incorporando nuevas competiciones paralelas. En España, sin embargo, nada cambia.

La Segunda División tampoco presenta novedades. Se mantienen los tres grupos de 16 equipos, una estructura que lleva años generando debates por las enormes diferencias competitivas entre grupos, la dificultad para establecer comparaciones deportivas y un sistema de ascenso que continúa siendo largo y complejo.

Paradójicamente, la categoría de plata reúne a 48 equipos repartidos por todo el país, reflejando el enorme crecimiento del fútbol sala femenino de base. Sin embargo, ese crecimiento no ha venido acompañado de una reflexión sobre si el modelo actual sigue siendo el más adecuado para impulsar el desarrollo deportivo.

La Copa de la Reina mantiene igualmente su formato habitual. Participarán los 16 equipos de Primera División y los 32 mejores clasificados de Segunda División, disputándose tres eliminatorias antes de una fase final con ocho equipos.

Se trata de un torneo consolidado, aunque sin modificaciones que permitan aumentar su impacto mediático o facilitar una mayor presencia de clubes modestos en escenarios de máxima visibilidad.

Tampoco la Supercopa introduce cambios. El torneo volverá a enfrentar a campeón y subcampeón de Liga y Copa, un formato correcto, aunque reducido, que apenas ocupa dos jornadas del calendario. Y, como viene siendo habitual en estos últimos años, se celebra bien entrada la Temporada contrastando con el cambio introducido en el fútbol sala masculino que vuelve a celebrarse como antesala del inicio de la liga.

La sensación general es que el crecimiento del fútbol sala femenino continúa descansando exclusivamente sobre el esfuerzo de los clubes y de las propias jugadoras.

Durante los últimos años se ha producido una evidente mejora del nivel deportivo. La preparación física, la profesionalización de muchos cuerpos técnicos, el seguimiento en redes sociales y la calidad del espectáculo han aumentado considerablemente. Sin embargo, las estructuras competitivas permanecen prácticamente inalteradas.

La pregunta resulta inevitable: ¿es suficiente mantener el mismo formato cuando el deporte ha cambiado tanto?.

La estabilidad siempre puede interpretarse como un valor. Pero cuando esa estabilidad impide evolucionar, corre el riesgo de convertirse en inmovilismo.

Cada nueva temporada representa una oportunidad para innovar, corregir desequilibrios y generar nuevos estímulos para clubes, patrocinadores, medios de comunicación y aficionados. La temporada 2026/27, sin embargo, parece optar nuevamente por la continuidad absoluta.

Mientras la RFEF ha introducido modificaciones en las competiciones masculinas para la próxima temporada —reformas en formatos, ajustes en las categorías nacionales y cambios organizativos—, las competiciones femeninas permanecen prácticamente inalteradas.

La pregunta no es si los cambios masculinos son mejores o peores, sino por qué existe una voluntad de revisar el modelo en una competición y no en la otra. Esa diferencia transmite la sensación de que el desarrollo del fútbol sala femenino no ocupa el mismo lugar en la agenda federativa.

El fútbol sala femenino español no necesita menos internacionalización ni menos competitividad; necesita una hoja de ruta. Una estrategia que revise sus competiciones, impulse su crecimiento y defina qué modelo de liga quiere construir en los próximos diez años. Porque mientras el nivel sobre la pista continúa aumentando gracias al trabajo de clubes y jugadoras, las normas que regulan la competición parecen haberse detenido en el tiempo. Y esa distancia entre el crecimiento deportivo y la evolución institucional es, probablemente, el mayor reto al que se enfrenta hoy el fútbol sala femenino.

José A. Valle

Foto vía: Futsi Atco. Navalcarnero/MCD Torreblanca

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