La jubilación también se juega en las pistas de fútbol sala femenino.
El nuevo Real Decreto aprobado por el Gobierno abre la puerta a reconocer para la jubilación periodos de actividad profesional anteriores a la integración de los deportistas en el Régimen General de la Seguridad Social. Una medida que, aunque mira especialmente al pasado, conecta directamente con uno de los grandes retos del fútbol sala femenino: que ser jugadora profesional implique también tener derechos laborales y protección social.
El Consejo de Ministros aprobó este martes un Real Decreto que permitirá computar, a efectos de la pensión de jubilación, determinados periodos de actividad desarrollados por deportistas profesionales antes de su integración en el Régimen General de la Seguridad Social. La medida está dirigida a quienes desarrollaron una actividad deportiva profesional en España entre el 15 de marzo de 1980 y la fecha de su incorporación al sistema.
La norma pretende corregir una situación que había dejado aquellos años fuera del cómputo de cotización, con consecuencias tanto para acceder a la jubilación como para calcular posteriormente la cuantía de la pensión. Y aunque pueda parecer una noticia alejada de la realidad actual de la Primera División de fútbol sala femenino, tiene una lectura muy importante para nuestro deporte.
Porque hablar de jubilación es, en realidad, hablar de cómo se considera el trabajo de una jugadora de fútbol sala.
Del reconocimiento deportivo al reconocimiento laboral:
La legislación española reconoce desde 1985 una relación laboral especial para los deportistas profesionales. El Real Decreto 1006/1985 considera deportistas profesionales a quienes practican deporte de forma regular, por cuenta ajena, bajo la organización y dirección de un club y a cambio de una retribución.
En el fútbol sala femenino, este proceso de reconocimiento laboral ha sido mucho más complejo.
La propia RFEF ya señalaba en 2019 que una parte importante de las jugadoras de Primera División no disponía entonces de contrato escrito ni estaba dada de alta en la Seguridad Social, al mismo tiempo que la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala defendía la necesidad de regularizar esta situación.
Un año después, la RFEF calificó la Primera División de fútbol sala femenino como competición profesionalizada y estableció entre sus objetivos avanzar en las condiciones laborales y profesionales de las jugadoras.
El camino, por tanto, no empezó ayer.
Una pregunta que el fútbol sala femenino debería hacerse:
El nuevo Real Decreto pone sobre la mesa una cuestión que trasciende a las generaciones de jugadoras que puedan beneficiarse directamente de esta medida: ¿Qué protección social tendrá una jugadora de fútbol sala cuando termine su carrera?.
La respuesta no debería depender únicamente de cuánto tiempo haya permanecido en la élite, sino de que ese tiempo haya estado correctamente reconocido como actividad laboral.
En este sentido, la medida aprobada por el Gobierno contiene una enseñanza especialmente relevante para el fútbol sala femenino: la profesionalización no puede limitarse a mejorar las competiciones, los pabellones, las retransmisiones o los salarios. También tiene que significar contratos, cotizaciones y derechos laborales.
La propia RFEF mantiene actualmente programas destinados a colaborar con los clubes de Primera División en la regularización de la situación laboral de sus jugadoras y en el pago de la Seguridad Social. En el programa correspondiente a la temporada 2025/26 se establecían, entre otros requisitos, mínimos de jugadoras con contrato de trabajo y dadas de alta en la Seguridad Social.
El pasado como advertencia para el futuro:
La noticia tiene, además, una dimensión simbólica. Muchas de las jugadoras que ayudaron a construir el fútbol sala femenino español no disfrutaron de las mismas condiciones laborales que las generaciones actuales. Algunas entrenaban prácticamente a diario, competían al máximo nivel y dedicaban una parte importante de su vida al deporte mientras su situación contractual y de Seguridad Social estaba lejos de la que hoy se considera necesaria para hablar de profesionalización.
Precisamente por eso, la medida aprobada ahora permite mirar hacia atrás, pero también obliga a mirar hacia adelante. Porque dentro de 20 o 30 años no debería ser necesario aprobar una nueva norma para reconocer que los años dedicados por las jugadoras al fútbol sala fueron años de trabajo.
Profesionalizar también significa pensar en el día después:
El fútbol sala femenino ha avanzado enormemente. La Primera División cuenta hoy con estructuras profesionales, jugadoras con contrato, programas de regularización laboral y una competición que ha ido aumentando su exposición y sus exigencias.
Pero la verdadera profesionalización se demuestra también cuando termina la carrera deportiva. Una jugadora puede dejar de competir con 30, 35 o 40 años. Puede cambiar las zapatillas por un despacho, una pista de formación, un banquillo o cualquier otra profesión. Pero los años que dedicó al deporte deberían formar parte de su historia laboral cuando llegue el momento de mirar su vida profesional en perspectiva.
El Real Decreto aprobado ahora se refiere fundamentalmente a una laguna histórica anterior a la integración efectiva de los deportistas en la Seguridad Social. No significa, por tanto, que cualquier jugadora actual pueda sumar automáticamente todos sus años de competición a efectos de jubilación: será necesario acreditar que se cumplen las condiciones previstas por la norma y aportar la correspondiente certificación.
La solicitud deberá realizarse ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social y, para acreditar esos periodos históricos, será necesario disponer de certificación del club, entidad deportiva o, cuando el club haya desaparecido, de la federación correspondiente.
El verdadero partido se juega fuera de la pista:
La noticia puede parecer, por tanto, una cuestión de Seguridad Social y pensiones. Pero para el fútbol sala femenino es algo más. Es un recordatorio de que una carrera deportiva también es una carrera profesional. Y que hablar de profesionalización no debería significar únicamente cuánto cobra una jugadora hoy, sino también qué derechos genera ese trabajo para mañana.
El fútbol sala femenino lleva años reclamando reconocimiento. Parte de ese reconocimiento se consigue llenando pabellones, aumentando la visibilidad, mejorando las retransmisiones y elevando el nivel competitivo.
Pero hay otro reconocimiento, menos visible y mucho más importante a largo plazo: que cada año dedicado a jugar, entrenar y competir pueda quedar respaldado por derechos laborales y protección social.
Porque el último partido de una jugadora no debería significar el final de su relación con los derechos que generó durante toda una carrera. La profesionalización del fútbol sala femenino también se mide cuando las jugadoras dejan de jugar.
José A. Valle
Foto vía: El Gaitero Rodiles
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